
Dicen que como en casa no se está en ningún sitio. Un lugar donde tienes todas tus comodidades, no te falta de nada, tienes a tu familia que te responde, te sientes cómodo. Así es como se siente el Tenerife en el Heliodoro. Pasa de un estado de letargo e inconciencia a adrenalina pura en muy poco tiempo. Se irrita cuando a su “padre” adoptivo lo sacan de la casa a patadas, es la hora de jugar.
La jugada del primer gol vino precedida de una madera de Pablo Sicilia que el público más con el corazón que con la cabeza gritó ¡GOL!, todavía no habían terminado las protestas encolerizadas del respetable cuando Diego Castro hacía el 0-1. Esto enervó todavía mas a los presentes que poco a poco iba alterando la siempre medida paciencia de Oltra. Más tarde, cansado de esperar, de recibir un trato desigual, se condenó en un cúmulo de aspavientos y comentarios que hicieron que el malo de González González lo enviara directito al vestuario. En esos momentos ya Toño buscaba un lugar donde cargar el móvil. De ahí al final de los primeros 45 minutos poco. Los jugadores buscaban a su progenitor que ya no les acompañaba, las indicaciones las daba Toño, pero no era lo mismo. ¡Esperaremos al descanso!, gritaban enfurecidos como William Wallace.
Algo me pasa por la cabeza en estos momentos, Evasión o Victoria. Veo a Manolo como Michael Caine o a Sergio como Silvester, tratando de luchar contra la adversidad en el vestuario, gritar por la afición, gritar por ganar.
Comenzó el segundo tiempo y ya sabían donde habitaba el entrenador. Se les veía más contentos, lo tenían ubicado en tribuna, a cada jugada que hacían buscaban su correspondencia en la grada, un guiño, un comentario de Toño en la banda. La gente empezaba a sentirse más cómoda. Silvester, digo Sergio, empezó a ser un espectador más. Era la hora del cambio.
Ricardo, con algo de fortuna, hacía el primero con un disparo a media distancia que rebota en la defensa sportingista. Comenzaba el milagro. Algunos minutos más tarde aparecía Nino por tercera semana consecutiva haciendo el 2-1. El Heliodoro se venía abajo. En un disparo casi sin ángulo lograba batir a nuestro buen amigo Juan Pablo. Por fin Nino había dado con la llave del gol. Los jugadores habían elegido la victoria, y rechazado la opción de escapar por la piscina del vestuario.
Michael y compañía antepusieron el orgullo antes que la huida, y tuvieron recompensa.
Posiblemente la mejor segunda parte del año.
Posiblemente nos salvaremos
Posiblemente…
Foto | El Tenerife.com
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Por fin una alegría!
Nos jugamos la permanencia en casa, y estos partidos son los que hay que ganar si o si!
De todas formas espero que los Reyes nos traigan un par de buenos defensas