“A Hedioloro Uodruiguez Lopez” please!, mi español todavía no era muy bueno, solo llevaba en las Islas dos días. Era la primera vez que visitaba el estadio. En mi tierra natal era un aficionado acérrimo al Shalke 04 y aún recordaba aquella semifinal contra el equipo que iba a visitar hoy.
Había ido al callejón del combate y me había comprado la camisa y la pulsera de la solidaridad para ayudar al que a partir de ahora sería mi nuevo equipo. Los colores coincidían con mi equipo natal por lo que me acostumbraría rápido a llevar esta camiseta.
Cuando entré en el estadio, tuve una sensación rara, era pequeño pero coqueto y muy bonito. Me senté en la grada a la que llamaban herradura y esperé. Tenían un video-marcador justo detrás de mí donde cada poco ponía una canción que el estadio cantaba sin cesar.
Al poco tiempo salieron los equipos. – ¡Vaya! en el segundo tiempo atacarán hacia la otra grada- pensé. Comenzó el partido y rápidamente pude fijarme en la composición táctica. Cuatro defensas, dos medios, dos extremos, un media punta y un delantero. Observé algunos errores del lateral izquierdo que más adelante comprendí el por qué de su titularidad. Su velocidad y sus cambios de juego contrarrestaban esas dudas en defensa. Fue providencial en algunos cruces casi definitivos. A medida que pasaban los minutos también percibí que el rotor del equipo estaba centrado en un jugador alto, que parecía tosco, pero que sus ganas compensaban el déficit técnico que padecía. – Ahora si- comentaban a mi lado, -¡parece otro!-, gritaban junto a mí. Deduje que posiblemente había sido un jugador muy criticado. Para mí, que nunca había visto ningún partido, me pareció el mejor. Curiosamente al poco tiempo hacía el uno a cero justo cuando el árbitro pitaba el final de la primera parte.
Empezó el segundo tiempo, el portero fue muy aplaudido al llegar a su posición. Sin duda era también bastante querido. Los jugadores del equipo visitante comenzaban a calentar justo debajo de mi posición. Vi como acusaban a los recogepelotas de su poca predisposición a devolver el balón con rapidez. Esto enervó a la grada, que empezó a encenderse emitiendo improperios durante varios minutos.
Volviendo al partido, veía como un pequeño jugador con el dorsal número 7 no paraba de presionar y de apoyar a sus compañeros, comprendí por qué era un ídolo en la isla. Más tarde, cuando se produjo el penalti, lo cogió un jugador llamado Ayoze, con ese nombre posiblemente fuera de la cantera. En la celebración del tanto corrió hacia la grada donde se encontraban los ultras y lo celebró como si de una final de la champion se tratara. ¡Nos estábamos jugando mucho!, ya me sentía un chicharrero más.
Mi primer partido lo iba a celebrar con una victoria, lo haría en el “Hannen” con un buen par de cervezas. Pero mi optimismo cambiaría, cuando en una mala salida del portero el quipo visitante acortaría distancias. -¡Ya estamos otra vez!- gritaban. Entonces entendí que con el Tenerife hay que esperar al final. Fueron veinte minutos de muchos nervios, yo no estaba acostumbrado a esto, sin embargo los de mi alrededor parecían tranquilos, me miraban y me decían -¡Tranquilo, siempre pasa lo mismo!-.
Al final la victoria llegó, y pensé que iba a tener que prepararme para sufrir con este equipo. Sin embargo me sentí bien, me integré con el público y aunque conocía de la existencia de otros grupos de aficionados germanos yo iba a ir por mi cuenta, quería ser un chicharrero más y no dudaría en que pasara lo que pasara sacaría mi abono para el año que viene.
Foto | eltenerife.com
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Interesante relato
Genial. Me ha gustado mucho, esa forma de meterte en la piel de un germano, ha quedado muy bien…