Sensación de desidia

Evidentemente no existe desidia en el Club Deportivo Tenerife, están buscando entrenador y jugadores competitivos para la próxima temporada, intentando amarrar a Nino y Bertrán, o en el peor de los casos, venderlos por una cantidad lo suficientemente grande para que el Club tenga margen operativo en el mercado de fichajes. Buscando entrenadores que den el perfil y compromiso para la empresa de segunda, en un momento en el que algunos, como Mendilíbar están viéndolas venir. En casi todos los niveles esperando a que termine la temporada de segunda división para poder empezar a moverse, así como buceando en otras categorías para poder completar el proyecto.

Con un escenario muy cambiante, muchas dudas y preguntas acerca de la capacidad que tendrá el Tenerife de conseguir luchar por los puestos de ascenso en la próxima temporada. Y con dos meses de vacaciones de la plantilla por delante.

Todas estas dudas son lógicas y razonables, pero aún así, la sensación de desidia que desprende el Club es notable, y eso que la afición está como loca por que le den una justificación mínima para empezar a ilusionarse, pero en este apartado, el de la ilusión, parece que habrá que tener paciencia o buscar en otro lado.

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Ya terminó la temporada. Ahora es el momento de pedir responsabilidades a quien corresponda…

La AFICIÓN del Club Deportivo Tenerife

Miguel Ángel Concepción: Su política de austeridad extrema llevó al equipo a límites insospechados. Competir en primera, con un equipo de segunda. Fiel a un estilo de juego, pero sin experiencia. Sólo Mikel, Aragoneses y Nino habían jugado en primera antes. La idea, era buena, de no haber sido por ese pequeño detalle: Falta de experiencia. Por cierto: Alguien que no tenía experiencia en primera, válido para este proyecto deportivo y, no renovado el año pasado, aunque servía para crear grupo –y dar un puñetazo en una mesa si era necesario, enseñarle a los nuevos qué es esto, el respeto y consideración que merece la afición- está disputando el ascenso con el Universidad a Segunda División. ¿Qué ironía si nos encontramos el año que viene con él, no?

Santiago Llorente: Tras un año muy bueno, culminado con el ascenso. No es que haya sido esta temporada su mejor ejercicio de gestión deportiva desde los despachos. Los fichajes no aportaron nada, salvo Román Martínez en el último tercio del campeonato. En el mercado invernal se le ofrecieron jugadores que, supuestamente no mejoraban el nivel del Tenerife, pero que sí sirvieron para por ejemplo el Real Zaragoza como Adrián Colunga.

José Luis Oltra: Su cabezonería con un mediocentro reconvertido a central -Manolo Martínez- teniendo a Culebras para ese puesto, un delantero que es difícil que no haya juveniles mejores y que aporten más al equipo –Dinei-. Dos jugadores absolutamente desconocidos aunque vinieron como refuerzos: Bellvis y Aitor Núñez. Los cambios, siempre realizados faltando quince minutos, normalmente con muy poco tiempo para Ángel, Omar y Kome y el no llevar -siquiera- convocado al pichichi de Segunda B, son algunos de sus puntos negativos en esta temporada.

La Cantera: Descenso del filial, contando en sus filas con el máximo goleador de la categoría –Airam, 27 goles- máximo anotador de toda la Segunda B que, además, marchará a otro equipo. Extraordinario. ¿son capaces de hacerlo peor…? Tendría mérito, de verdad.

Los Jugadores: Lo han dado todo, pero no ha sido suficiente. Es obvio que, buena parte de la culpa es suya claro está. Concepción no juega y ni Llorente, ni Oltra tampoco. Han salido al Ono Estadi, Cornellà-El Prat, El Madrigal, Calderón, Chapín, Zorrilla, y tantos otros campos con la sensación de que el partido aún no había comenzado, deambulando por el campo –ahí siempre me acuerdo de Carlos Aimar, aquel entrenador que les daba una palmada en el pecho a sus jugadores antes de salir- en los primeros minutos. En los dos últimos meses, eso sí, lo han dado todo bueno, mejor dicho, lo han dado todo a última hora. Como el mal estudiante que, no duerme la víspera del examen para hacer lo imposible para aprobar. No puede ser que los que eran tan buenos el año pasado, sean tan malos éste. Ellos nos llevaron a la gloria y ellos, nos descienden al infierno. Así es la vida.

La Prensa: Ya no existen las “guerras de medios” de antaño, ya no hay abanderados del tinerfeñismo -Vargas, Pitti, Castañeda…- al menos, no con el ardor guerrero de hace diez o quince años, capaces de sacar a la luz todos los trapos sucios y las cosas que se hacían mal. Miguel tiene este apartado bien atado, quizá lo que mejor funciona de puertas para adentro, todo pasa por el Gabinete de Comunicación –o de desinformación del club- en ocasiones más preocupado de que no se digan verdades que puedan sonrojar, más que de realizar su función que no es otra que la de facilitar el trabajo a los profesionales de la comunicación.

LA AFICIÓN –con mayúsculas-: Es de Champion’s, gracias a ellos –a ustedes- , he conseguido creer en el último mes y medio que la permanencia era posible. Tras el empate con el Villarreal en el estadio y el empate en la Rosaleda. Escribí “Yo, ya no creo” un artículo en el que, directamente me bajaba del barco y para que no digan que la prensa es ventajista había guardado hasta hoy con la intención de “comerme mis propias palabras” –aunque nunca las hubiera publicado, y sacarlo a la luz con ese nuevo titular-. No pudo ser, pero GRACIAS. Gracias por hacerme creer que otro final era posible. Gracias por hacerme soñar que no soy un loco cuando quiero creer en imposibles. Una afición así, merece mucho más. Merece que la travesía por el desierto sea breve. Me he cansado de decirlo durante esta semana, ahora hay un estilo. Fieles a ese estilo en un año o dos, se puede regresar a primera.

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Un grito de gol

Un grito de gol

Te quiero. Te quiero, como un grito de gol. Quien, alguna vez, no vibró con un grito de gol. Es un grito enamorado. Un grito de gol es un deseo ardiente que nace y vive entre la gente. Un grito de gol se aleja con el viento, la esperanza verdadera se hace fuerte con el tiempo, un grito de gol es fuego que te eriza de repente. Un grito del corazón, endulzado por la gente. Quiero un grito de gol, más que nunca esperanzado.

Lo juro, y ante todo que sea inesperado, rebelde, polémico e intransigente. Y ya puestos, en el minuto 90. Te quiero, -y lo sabes- y ni estoy borracho, ni pienso comprometer mi palabra a tal efecto. Así es el fútbol, así es la vida. Sin pasión, perdemos mucho o todo, tal vez. Me compadezco de a los que no les gusta el fútbol, porque aunque tendrán muchos “90 minutos” libres, les faltará mucha pasión en la vida. No obstante, yo no estoy loco, aunque me juzguen como tal, y ciertamente no sueño. Pero, por si muero mañana, quiero aliviar hoy mi alma. Me propongo presentar ante el mundo, clara, sucintamente y sin comentarios, una serie de pensamientos suscitados en tan sólo hora y media. Francamente, estoy cansado y ni jugué. Cansado de ver como intelectuales sesudos defenestraron el fútbol como elemento aglutinador de masas. Cansado de ver cómo la masa ha sido aborregada para que todos se esfuercen en querer hacer lo mismo que otros ya han inventado previamente. Todo según un guión, todo según reglas escritas –o no- sobre cualquier tema: quizá, ésto es lo menos importante.

Estamos ante noventa minutos aglutinadores de toda la pasión que hierve en las entrañas del Teide, noventa minutos de una gesta equiparable a la del General Gutiérrez cuando defendió Tenerife de Nelson, noventa minutos que, aunque molto longos, serán el epílogo a otra temporada en la élite, otra vez en Valencia. Ojalá que con el objetivo cumplido y me quede afónico y, aún, más enamorado.

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Esto no es un bote muy neutral

Esto no es un bote muy neutral

Durante los partidos hay detalles que desequilibran el resultado final, cosas que aun no teniendo inicialmente mucha importancia acaban siendo determinantes. Como en el inicio de la jugada del minuto 87, durante el partido de ayer, una tontería a mitad del campo, en la que el árbitro hace un bote no muy neutral y cuya jugada posterior termina convirtiéndose en el gol del empate para el Villarreal.

Es cierto que el gol fue demérito de la defensa del Tenerife y la ejecución del mismo mérito del delantero, pero si el bote hubiera sido realmente neutral quizás no se hubiera desembocado en esta jugada.

Mira el vídeo y juzga tu mismo

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