Que queda cuando decidimos invocar a la diosa del misterio. Isis se revolcaría en sus aposentos ante tal infamia. Martillazos de sin razón, de incredulidad. El sueño se va, decide no aparecer para que reflexiones de verdad si vale la pena este esfuerzo.
Apelas al misterio de intentar entender que aconteció. Le das vueltas y vueltas a tu cabeza y no consigues descifrar que es lo que ha sucedido. Lo tienes delante pero no lo ves, quieres imaginar que hay algo más, alguna fuerza oculta que desea que ya no estés entre nosotros. Quizás quiera que desaparezcas.
Deberías bajar a lo terrenal, identificar las señales que nos dejan cada semana nuestros once protegidos, intentar ver que hay detrás del bosque. Quién sabe si descubrimos la verdadera razón, la verdad suprema, la justicia infinita.
Valientes embestidas llegan hasta el campo hostil, descifras la cuadratura del círculo. El cielo se abre ante ti. La diosa te ha escuchado por fin.
Tenemos marcas, estigmas de dolor cuando el guardián se queda en su portón de oro y decide no salir, él no conoce más allá de sus lindes. Solo 5,5 metros te separan de la felicidad, deberías intentarlo.
Tenemos marcas, estigmas de dolor cuando nuestros guerreros defensivos se aplican sin dureza, sin malicia, sin convicción, dejando que las hordas enemigas avancen sin dudar, ya no queda nada. Solo esperar. El chamán mira al cielo, el enemigo azota con orgullo.
Tenemos marcas, estigmas de dolor cuando cometes el mismo error, una y otra vez. El enemigo sabe que es fácil.
Los guerreros vuelven a su guarida con la cabeza gacha. El chamán ya no entiende, se aferra a mundos lejanos de avatares azules que sobrevuelan mundos increíbles. Quizás en otro mundo, quizás en otra ocasión ganemos la batalla.
Gracias Paulo por tu sabiduría.




