
Eran las 8:07 AM y comenzaba un nuevo día. Me levanté de la cama de un salto y miré el reloj para asegurarme que hoy era sábado. ¡Era cierto! hoy era día de partido y encima televisado por la sexta, ya no tendría que estar buscando los justin tv para ver los partidos de forma mediocre.
Como es tradición me enfundé mi camisa del tete, mientras entonaba el himno con voz de soprano. Leí todos los diarios digitales y añadí algún andaluz para ir entrando en ambiente. Como mandan los cánones me comí algo típico de la tierra visitante, y me lancé entre pecho y espalda un buen fino.
Ya pasada la tarde, comencé mi particular análisis del partido viendo las alineaciones iniciales, y ¡qué veo! ¡Nino y Dinei titulares!, hacía tiempo que no recordaba una alineación inicial con dos delanteros. En los demás puestos poco que reseñar, Manolo y Luna como centrales. En ese momento realice mis primeras comparativas. Me eché las manos a la cabeza al pensar en la dupla atacante Luis Fabiano y Kanouté. Necesitábamos dos marcadores rápidos.
En el lateral izquierdo volví a ver a Pablo. Realmente lo había hecho tan mal en esa posición que ya empezaba a ponerme nervioso, menos mal que Capel estaba en la otra banda.
En la media no me sorprendió nada. Ricardo volvía a estar, Richi volvía a estar, Juanlu volvía a estar. Si nos golean continuamente fuera, ¿Por qué seguimos igual? En ese momento me levanté de un respingo y entoné: ¡Oltra vete ya, Oltra vete ya!, y sin ningún miramiento me vine arriba y caí a coñazos verbales con el presidente.
Finalmente llegué a los arietes. En un principio y por la inercia del campeonato vociferé cuatro improperios que analizados cinco segundos más tarde me di cuenta que igual la idea no era tan mala. Recapacité y me tranquilicé. El juego era sencillo, Dinei se dedicaría a bajar la pelota continuamente descargando a Nino de la parte defensiva y así tenerlo a puntito de caramelo cuando estuviera de cara al gol. ¿No hacía los mismo Llorente con Toquero en el Athletic?
A diez minutos del partido ya estaba sentado en mi sillón favorito. Iban a ser dos horas sin interrupciones, con plena dedicación y sin hacer caso absolutamente a nada ajeno al encuentro. Besé el escudo, envolví mi cuello con mi bufanda azul y blanca, apagué el móvil, cerré la puerta y callé.
El día de la marmota… el día de la marmota… resonaba en mi mente. ¡No podía ser!, habían pasado 14 partidos. Simplemente por probabilidad era imposible volver a perder, nadie lo había logrado.
Entonces lo vi, era rojo, con cuernos, y un gran tridente. Volvió a aparecerse en el estadio. Vi como paralizaba a Pablo en el fuera de juego permitiendo que el delantero sevillista metiera el primer gol, más tarde vi como entraba en el cuerpo de Manolo ralentizando todos sus movimientos. Luis conseguía el segundo gol. Lágrimas negras caían por mi cara, intentaba hacerlo desaparecer pero se escabullía continuamente. De repente, lo entendí todo. El Tenerife estaba poseído por las fuerzas del mal.
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